viernes, 29 de marzo de 2013

Takayama

Casi sin haber aterrizado en Tokyo, hemos cogido el Shinkansen hasta Nagoya y el tren de montaña hasta el pueblo de Takayama. Nuestro primer contacto con Japón ha sido elegido para descansar de todas las horas de vuelo que llevamos encima. 
Desde aquí se pueden ver los Alpes Japoneses cubiertos de nieve, hace frío y huele a pueblo. A pueblo y a carne Hida cocida en miso sobre hoja de magnolio. ¡Qué maravilla!

Preparados para el baño
En nuestro Ryokan tenemos un Onsen, el baño típico japonés. Después de habernos vestido a la sazón, nos hemos sumergido en el agua hirviente y nos hemos relajado por fin.

Te duchas, te lavas y te sumerges sin salpicar en la poza (un ritual). El japonés que había en mi Onsen ha estado mirando como lo hacía todo al revés. He vaciado media bañera cuando me he metido, vamos, que me ha faltado hacer una bomba y mearme en el agua para ganarme el destierro...
Ha decidido que no estaba suficientemente caliente y le ha dado al grifo a ver quién aguanta más. Como dos nécoras. No pongo fotos porque podrían herir vuestra sensibilidad.

Julia haciendo amigos
Takayama tiene un mercado tradicional a la orilla de uno de sus ríos donde venden todo tipo de mierdecitas de recuerdo y comida típica. Las brochetas de bolitas de arroz a la barbacoa con salsa de soja están buenísimas.
Hay un circuito a pié que recorre la mayoría de los templos. En algunos estaban rezando, en otros ni un alma. Julia es la gran atracción de los japoneses. El tener los ojos grandes y redondos les parece de lo más exótico.

Sarubobos votivos


Además en esta región, existe un espíritu protector de los niños al nacer que se llama Sarubobo (bebé mono) que está por todas partes y se vende como suvenir y como ofrenda en los templos. A Julia le encanta.
Conocimos a un americano que llevaba cinco años casado con una japonesa y viviendo en Takayama. Nos confesó que estaba harto de la comida japonesa. ¿pero eso puede ocurrir?

Vista desde el valle de Shirakawa
A unos pocos kilómetros al oeste hay un pueblo con las casas tradicionales de la montaña a modo de museo. Ir hasta allí en autobús me encantó, las vistas de los alpes desde lo alto son las mejores.






Próximo destino: Osaka

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