sábado, 30 de octubre de 2010

Irati

Hayedo de Irati
Escapadita de fin de semana al Valle de Irati con un montón de amigos. 
Llevaba ya unos cuantos años sin venir por aquí.
Hemos aprovechado el final de octubre que este año viene el otoño retrasado para ver como cambian de color las hayas.
El bosque pasa del verde a quedarse calvo en poco tiempo pero justo ahora se puede ver toda la gama de colores intermedios en sus hojas. Ha llovido los últimos días y sigue lloviendo, así que todo huele a otoño.

El viajecito por la zona tiene como base el camping Urrobi, en Auzperri. En unos bungalows de madera que fueron nuestra casa por tres días.
Juan Carlos - Ana - Alberto - Amaya - Rocío - Elena y yo (foto de Mercedes) 
Desde allí, Ana, Alberto, Amaya, Rocío, Juan Carlos, Mercedes, Elena y yo nos perdimos (literalmente) por el bosque alrededor del pantano de Irati, visitamos la fábrica de armas de Orbaizeta y subimos hasta la torre de vigilancia romana del monte Urkulu.

Además de una fiesta de Halloween fallida, hemos podido hacer también turismo gastronómico del que nos gusta. Es temporada de setas y hay que aprovechar.

Por último, una visita relámpago a Iruña, a tomarnos unos pintxitos bien regaos y dar una vuelta por el casco y la Ciudadela.
Panorámica de la Plaza del Castillo de Pamplona 

Próximo destino: ?

sábado, 26 de junio de 2010

Merzouga

Piscina en casa de Alí el Cojo
Merzouga es el lugar mas al este al que se podía llegar por carretera sin hundirte en las arenas del Sahara. Después de kilómetros y kilómetros de páramo desértico, llegamos al desierto total. 
Llama la atención lo naranja que es la arena al atardecer y lo infinito de las dunas hacia el horizonte.
Después de haber dejado al pesado de Jamal en su casa, fuimos directos a ver a Alí El Cojo, que nos tenía preparados los camellos para ir a pasar la noche en la gran duna de Erg Chebbi.

En su casa descubrimos una piscina con el agua increíblemente fresca a la que no pudimos resistirnos.

Nuestro guía Mojtar, nosotros tres todavía con el bañador mojado y dos venezolanos sarasas en cinco dromedarios y nada alrededor durante aproximadamente dos horas. Una sensación extraña la de penetrar en el desierto...

En el momento en que iba a ponerse el sol, subimos a una duna desde la que de veía desierto y desierto. Las sombras alargándose y los colores cambiando, una de las mejores puestas de sol que se pueden ver.


Ya había anochecido cuando llegamos a nuestro campamento. En el centro de un círculo de jaimas nos prepararon un delicioso cuscús a la luz de una única bombilla.


Con nuestros amigos venezolanos
Al acabar la cena se apagaron la luz del campamento y desapareció el molesto ruido del generador de gasolina. Escuchábamos la brisa arrastrando lentamente las dunas cuando descubrimos que podíamos ver sin problema en plena noche. Una luna llena y enorme se alzaba sobre nosotros, mostrando sus cicatrices sin ningún pudor.
A pesar de la luz, se podían ver las estrellas con total claridad. Parecía que la atmósfera había desaparecido y que estábamos contemplando el vacío desde la superficie de la propia luna.
Nos decidimos a subir la Gran Duna. 200 metros de empinada cuesta, a paso lento, clavando nuestros pies en la arena, avanzando tres pasos y cayendo uno. Creo que al menos tardamos media hora y no quiero pensar cómo hubiese sido subir a pleno sol.

En la cumbre la brisa era un ligero viento que hacía a la arena saltar hacia el otro lado de la duna, y quizá hasta Canarias. La visión del desierto iluminado por la luna era fría e infinita.
Mojtar estuvo contando chistes malísimos y contándonos que las estrellas fugaces que veíamos, eran según el islam, los demonios cayendo en bolas de fuego al ser repelidos por los ángeles a las puertas del cielo.

Al haber descendido un tercio de la duna dejándonos resbalar por la ladera, nos pidió que parásemos todos. De repente, en el silencio de la noche del desierto, la duna se puso a vibrar y a zumbar como si se hubiese transformado en un gigantesco abejorro. Se detenía y al cabo de descender unos metros volvía a zumbar. La arena que desprendíamos ladera abajo al descender, iba rebotando hasta que entraba en resonancia durante unos segundos. Maravilloso.

La temperatura era tan agradable que dormimos al raso bajo una manta que apestaba a camello y que llevaría meses o años sin haberse lavado. Al menos no había chinches.

Nos levantamos antes del amanecer para ver como el Sol comenzaba a despuntar por el este y como en el oeste, en la Gran Duna se iluminaba la punta y lentamente se iba tiñendo de luz hacia abajo.
Lago Dayet Srij con los flamencos
Tras desayunar y con la fresca, montamos en los camellos (que no habían hecho ningún ruido durante toda la noche, que majos) y volvimos a Merzouga.

A un par de kilómetros, nos encontramos con el lago Dayet Srij, un lago con flamencos al lado del desierto y bajo un sol abrasador. Ya sé como habían llenado la piscina de Alí.



Taouz el pueblo de los pigeons

Les Pigeons du Sable








subir a la duna
oir el vibrar al caer la arena 
200 metros
el cielo y las estrellas x la noche
dormir al raso
el amanecer
gnawa y les pigeons du sable
el lago